Posteado por: Vive entre Médicos | 18 de julio de 2012

PATOLOGÍA LABORAL II – Valoración de un paciente no accidental

Sello Austria – 1966. Trabajador enfermo y copa de Higia.

Una de las peculiaridades dentro de la Patología Laboral es que el paciente atribuye a un accidente, en ocasiones banal e incluso no recordado, la enfermedad que padece.  Por estar compensada la baja laboral y sus consecuencias, aún de manera subconsciente, el paciente se comporta de manera distinta ante nosotros, que si nos lo encontráramos en la consulta hospitalaria.

La posibilidad de simulación está siempre presente en nuestro entorno, por lo que el médico debe realizar la historia clínica sin prejuicios y sólo cuando detecte síntomas, signos u otros elementos de sospecha ha de considerar la posibilidad de estar ante un “estilo de respuesta anormal y/o distorsionada” (ERAD)

El paciente se muestra desconfiado, sus respuestas no son veraces, confusas, en ocasiones adopta una postura agresiva de defensa o reivindicativa. Teme perder sus supuestos derechos y llega a olvidarse que lo realmente importante para todos es llegar a un diagnóstico para practicar un tratamiento correcto, en donde sea, y sanar.

Las sospechas han de basarse en la comprobación de alguno de los siguientes elementos:

  1.  Elementos de causalidad inconsistentes.
  2.  Detección de datos anamnésicos sospechosos.
  3.  Detección de datos sospechosos en la exploración.
  4.  Quiebra o transgresión de los plazos estándares de estabilización o curación.

El médico tiene escasa información acerca de las causas de los sucesos y está poco menos que obligado a admitir la versión del paciente, sin embargo, a veces el accidente no guarda relaciones proporcionales con las consecuencias. Por esto debemos asegurarnos de que realmente el suceso traumático ha sucedido. Comprobada la realidad traumática, conviene pasar a explorar la relación causa-lesión, para ello se analizarán elementos diferentes:

Agente: energía o elemento que sobrepasa la capacidad de tolerancia del individuo.

– Víctima: con todas sus variables (edad, sexo, consumo de sustancias, enfermedades previas, tipo de lesión, etc.) Se ha de valorar el estado previo del sujeto.

– Ambiente: medio psico-social (estrés, insatisfacción, etc.) litigación, expectativa de ganancia y factores análogos que actúan magnificando los síntomas.

– Vector: medio lesional (vehículo, fuerza, maquinaria, etc.)

Este proceso de diagnóstico, se complica si el paciente presenta una enfermedad degenerativa, ya sea provocada por microtraumatismos repetidos (en cuyo caso podría catalogarse como enfermedad profesional) o si se trata de una enfermedad común.

En estos casos debemos llegar a un diagnóstico, pero el tratamiento puede ser competencia de otras instituciones.

Ante esta situación de compromiso, la pauta que hemos descrito se debe llevar a término con mayor minuciosidad que si de un accidente se tratara. Debemos recurrir a todas aquellas pruebas complementarias que el proceso de diagnóstico vaya requiriendo hasta concluir en un diagnóstico preciso.

Hasta ese momento el paciente se encuentra de baja laboral, o no, pero siempre deberá constar que se encuentra “en estudio”, pendiente de  diagnóstico definitivo.

Por tratarse de una medicina compensada, cada paciente pone en marcha un circuito médico-administrativo.  Ello obliga, además de lograr un diagnóstico y adecuar un tratamiento, a trazar un perfil médico-administrativo en cuanto al pronóstico.

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